Sabía Ud...?



MIGUEL DE LA TORRE PANDO, el General de las Cuatro Grandes Cruces (Tercera parte).
Escrito por D. Alfonso de La Torre Vaxeras, tataranieto del General.

En la plaza de Puerto Cabello, el General La Torre resiste el sitio que le impone el General Simón Bolívar, continuando al mismo tiempo con algunas operaciones  militares.  En la ciudad de Coro, al oeste del país, se ha llevado a cabo una sublevación a favor del Rey. El Gral. La Torre aprovecha tal situación y considerando la superioridad naval que posee, inicia una campaña hacia esa zona, en- viando primero al Coronel Tello con unos 500 hombres y posteriormente él mismo se coloca al frente de las operaciones, saliendo de Puerto Cabello el 12 de diciembre de 1821, al frente de unos 450 hombres. Desembarca en Los Taques y derrota en la Vela de Coro al Coronel Juan Gómez, el 9 de enero de 1822. Deja encargado al Coronel Tello de las operaciones y regresa a Puerto Cabello. Mientras tanto, ha ordenado al Gral. Morales, quien ha sido ascendido a Mariscal de Campo en noviembre de 1821,  expedicionar sobre Maracaibo, quien inicia las operaciones en marzo de 1822. El 7 de junio de 1822, derrota el Gral. Morales en Dabajuro al Gral Carlos Soublette. Habiendo sido nombrado el Gral. Morales en julio de 1822, Capitán General de Venezuela, en reemplazo del Gral. La Torre, se regresa a Puerto Cabello y asume el mando el 4 de agosto de 1822.


El Gral. La Torre Pando ha sido nombrado por el Rey, Gobernador y  Capitán General de Puerto Rico, mando que asume el 8 de septiembre de 1822. Es una nueva etapa de su vida, en la cual debe mostrar su talento y liderazgo. En Puerto Rico, La Torre desarrolla una labor como gobernante y legislador encomiable. Durante su mandato desbarató y castigó duramente dos rebeliones de esclavos. Rechazó el intento de invasión de Ducodray. Ascendió a Teniente General en el año 1824. A tono con las exigencias absolutistas españolas imperantes en la metrópoli, impuso un gobierno despótico. Su régimen promovió un estricto orden social dirigido por normas o bandos, como el Bando de Policía y Buen Gobierno. Este código establecía una planificación urbana que contribuyó al desarrollo de una red de comunidades, conectadas por nuevos caminos que enlazaban a los pueblos próximos a la capital.
Bajo su mandato se construyeron plazas públicas por toda la isla, sistemas de alumbrado con gas de caña, se crearon espacios para cementerios, fundó el Seminario Conciliar de San Ildefonso. Igualmente creó la Audiencia Territorial de Puerto Rico, siendo su Presidente. Organizó el Regimiento de Milicias Disciplinadas en siete batallones. Se construyó el Nuevo Cuartel para presidiarios. Mejoró y aumentó el Hospital Militar. Dispuso la construcción de muchas iglesias Acometió reformas en el Real Arsenal, construyendo 12 cañoneras, 2 goletas, falúas, botes, etc., fortificando la plaza y dotándola de 400 cañones. Construyó la Casa del Rey y un suntuoso Teatro en la capital. Estableció la Contaduría Mayor y las Alcaldías Mayores. Temiendo una invasión desde Venezuela, ayudó y socorrió a los leales de Costa Firme, combatió y exterminó a piratas, siendo severo en los juicios contra aquellos que se acercaran a tierra firme sin conocimiento de su procedencia.

Cuando el Gral. La Torre tomó el mando de la Isla de Puerto Rico, la población existente sumaba 230.950 personas y sus rentas ascendían a 362.209 reales. Cuando entregó el mando, 15 años después, la población sumaba 391.950 personas y las rentas ascendieron a 1.150.000 reales. A este Gobierno sus detractores le llamaron el Gobierno de las TRES B.S.: baile, bebida y baraja, pues según ellos, La Torre pensaba que un pueblo que se divierte no piensa en revoluciones. En 1830, al recibirse la noticia en Puerto Rico sobre el cambio del Gral. La Torre, el Cabildo de esa ciudad solicitó al Rey que prorrogara su mandato y fué concedido. En 1836 La Torre puso en vigencia en la Isla la Constitución Española. Un año después, en 1837, concluye su mando en Puerto Rico y regresa a Madrid, cargado de honores, en compañía de su esposa y sus siete hijos puertorriqueños. Ni un solo cargo negativo tuvo su administración en cuanto a declaraciones sueltas y el Juez, en su sentencia, hace un elogio de ella. Este juicio favorable le fue comunicado el 21 de mayo de 1838. En 1841, la reina Gobernadora le nombra Gentilhombre, Prócer del Reino y Capitán General de Castilla La Nueva.


Durante su mandato se desarrollaron los graves sucesos que llevaron a unos egregios militares e importantes políticos de intentar raptar a la reina Isabel II, con el objeto de derrocar al regente D. Baldomero Espartero. El Gral. La Torre, como Capitán General y Jefe de la Guardia exterior real, movilizó las fuerzas a su mando que junto con el Coronel Dulce, en el interior del Palacio, lograron desbaratar el complot. Se persiguió a los conjurados: Odonell, Concha, Gral. Diego de León, Borso di Carminati, Montes de Oca, al Gral. Borso y otros. Fueron sometidos a un severísimo Consejo de Guerra y condenados a muerte. La Torre, como Capitán General, debía sancionar con su firma y ejecutar las penas de muerte dictadas, pero al llegar a la del Gral. Diego de León, conocido como “la mejor lanza del reino”, con quien le unía una gran amistad, se negó a firmarla, dimitiendo voluntariamente al cargo, siendo aceptada en Real Orden del 18 de octubre de 1841.




En 1842, La Torre fue nombrado Ministro suplente del Tribunal Supremo de Guerra y Marina. En 1843 se le sumó el cargo de Vicepresidente de la Junta Consultiva de Ultramar.
El General La Torre fallece en Madrid el 27 de Mayo de 1843, a los sesenta y siete años de edad. Estaba en posesión de diversas Cruces de Distinción y al Mérito Individual, además de éstas lucía en su pecho, con orgullo, las cuatro Grandes Cruces Laureadas de San Fernando de 4ª y 5ª clase, junto a la de la Real Orden Americana de Isabel La Católica; la de la Real y Distinguida Orden de Carlos III y la de la Real y Militar Orden de San Hermenegildo. Habia sido nombrado Caballero de Santiago, con Manto y Placa y distinguido con el titulo de Castilla de Conde de Torrepando. Con respecto a las Cuatro Grandes Cruces Laureadas de San Fernando, hay que recalcar que muy pocos generales en la Historia de España, desde que se creó dicha Cruz, pueden lucirlas, ya que las mismas se conceden por heridas graves recibidas en primera línea de combate y el General La Torre se habia hecho acreedor de ellas.


MIGUEL DE LA TORRE PANDO, EL GENERAL DE LAS CUATRO GRANDES CRUCES (II PARTE)

Alfonso De La Torre Vaxeras

Escrito por Don Alfonso De La Torre Vaxeras, tataranieto del General,
desde España

Durante el año 1819, el General La Torre orienta su esfuerzo en mantener la región de Barinas hasta la ciudad de Cúcuta. El invierno ha llegado a estas tierras haciendo los combates sumamente difíciles, aunado al resurgir de las enfermedades tropicales, productos de las lluvias y los pantanos que se forman en todo el llano. El General  Simón Bolívar confronta los mismos problemas, y en forma sorpresiva, decide cruzar los Andes y sorprende por la retaguardia al ejército del Gral. José María Barreiro Manjón, en las batallas de Pantano de Vargas y Boyacá, con lo cual queda en su poder todo el virreinato de la Nueva Granada, ante la huida del Virrey Juan de Sámano. Esta noticia sorprende grandemente al Gral. La Torre y cambia totalmente el panorama político. En abril de 1820, el Gral. Pablo Morillo recibe instrucciones del Rey Fernando VII para entrar en negociaciones con los disidentes. Escribió a todos los Jefes militares y al Congreso de Angostura, proponiendo un armisticio. 

El 4 de julio de 1820, el Teniente Coronel Don José María Herrera, ayudante del Gral. La Torre, ahora Jefe de la Retaguardia del ejército del Rey, se presentó ante el ejército disidente con unos pliegos para el Gral. Bolívar. El Gral. La Torre proponía un mes de suspensión de hostilidades hasta que llegaran los comisionados del Gral. Morillo, contestando el Gral. Bolívar que únicamente recibiría la comisión si el Gral. Morillo reconocía la independencia de Colombia. Después de varios cruces de correspondencias decidieron llevar a cabo el armisticio propuesto. El Gral. Morillo se situó en la población de Carache, Provincia de Trujillo, mientras el Gral. Bolívar lo hacía en la ciudad de Trujillo, capital de la Provincia, considerando que no estaba en condiciones de continuar con una ofensiva contra el Jefe español. En fecha 25 de noviembre se concluyeron dos tratados: el armisticio por seis meses y la Regularización de la Guerra, dando fin a la guerra de exterminio y regularizando la guerra conforme a las leyes de las naciones cultas y los principios liberales y filantrópicos. 
(Autor: Eliab Metcalf)

Terminadas las negociaciones y firmados los respectivos tratados, cada Jefe en su posición, el Gral. Morillo manifestó deseos de conocer el Gral. Bolívar, quien accedió a tal petición. Escogieron un pueblo equidistante, Santa Ana de Trujillo, y el día 27 de llevó a cabo la entrevista. El Gral. Morillo llegó acompañado del Gral. La Torre, cincuenta oficiales y un escuadrón de húsares, mientras el Gral. Bolívar llegó acompañado de diez oficiales, los comisionados realistas, sin escolta. El Gral. Morillo comentó: “...mi antiguo enemigo me ha vencido en generosidad”, retirando de inmediato al escuadrón de húsares.

Los dos Jefes se dieron un fuerte abrazo y se dirigieron al banquete ofrecido por el Gral. Morillo. En el brindis, dijo el Gral. La Torre: “Brindo por los colombianos y españoles que unidos marchan hasta los infiernos si es necesario, contra los déspotas y tiranos”. Bolívar le contestó: “Brindo por mi mejor amigo, mi peor enemigo y mi pariente” (La Torre estaba casado con una criolla, Concepción de Vega Rodríguez del Toro, sobrina del marqués del Toro y prima de la esposa fallecida de Bolívar, María Teresa Rodríguez del Toro y Alayza). Los dos Jefes, Bolívar y Morillo, durmieron solos en una misma habitación. Al día siguiente, el Gral. Morillo propuso colocar una piedra para erigir un monumento futuro en recordatorio de esta entrevista.


Mientras tanto, en España, el 1ro. de enero de 1820, el pueblo español salva a Bolívar, Rafael del Riego, un Bolívar español quien proclamó la Constitución de 1812, a la cabeza de un batallón, iniciando un pronunciamiento revolucionario que estaba destinado a derrocar, al menos por algún tiempo, al despotismo fernandino. El diseño de los acontecimientos españoles guardaba estrecho parecido con el Hispano-Americano. Cabe distinguir tres tendencias: la reaccionaria y despótica, representada por el Virrey Juan de Sámano, el brigadier Francisco Tomás Morales y el libelista caraqueño José Domingo Díaz; y en España por Fernando VII y algunos de sus generales como Nazario Eguía, su ministro de Guerra, o Francisco Javier de Elio, su siniestro Capitán General de Valencia y tercero de la iglesia y sociedades secretas. 
Tras este pronunciamiento, el Cuerpo del ejército dispuesto en Cádiz para embarcarse y apoyar a las fuerzas en tierra firme, unos 20.000 hombres, se sublevan y se niegan a subir a los barcos, al expandirse un rumor por los pronunciados, que los barcos, comprados a Rusia, estaban podridos y carecían de los elementos necesarios para la navegación y por lo tanto inútiles para llevar a efecto tan larga y arriesgada travesía. Si este ejército hubiera llegado a su destino ¿Cuántos años se hubiera retardado la ansiada Independencia? ¿Cuántos males, desgracias, calamidades habría originado?
El Gral. Morillo se ha marchado de Venezuela, seguro de abandonar una causa perdida y deja el mando en manos del Gral. La Torre, quien recibe un ejército precario de enseres, víveres, etc. y que las numerosas y angustiosas peticiones para las provisiones son obviadas una y otra vez por Madrid. Cuanta con unos 8.000 hombres, de los cuales más de la cuarta parte son venezolanos e indios. Cuando La Torre se entera de la sublevación de Cabezas de San Juan, que a causa de ello no llegaron los refuerzos ansiados y ante la ruptura del armisticio por el Gral. Rafael Urdaneta en Maracaibo, decide llevar adelante nuevas acciones y reanudar la guerra, antes que la situación empeore, pues como no espera refuerzos y el tiempo juega en su contra, se dispuso esperar a Bolívar en la llanura de Carabobo para la batalla decisiva, en fecha 24 de junio de 1821. El Gral. Bolívar se presenta con 6.5000 hombres, 3.000 de ellos de caballería llanera, mientras que el Gral. La Torre se presenta con unos  5.000 hombres, 2.000 de ellos de caballería.

-El Gral. Bolívar decide atacar el flanco derecho del Gral. La Torre, con la caballería de los Grles. Páez y Cedeño, con el batallón “Bravos de Apure”.

-La Torre se defiende bien y ordena al batallón “Burgos” rechazar el ataque, haciéndolo en forma exitosa, pero el “Batallón Británico” los enfrenta obligando al “Burgos” retroceder y permitiendo que los “Bravos de Apure” se reorganizaran y contraatacaran. Muere en esta acción el Cmdte. Del “Batallón Británico”, Gral.Tomas Farriar.

-La Torre ordena el ataque de los batallones “Infante” y “Hostalrich”, quienes entraron en auxilio del “Burgos”, el cual tuvo que retirarse ante el ataque ordenado del “Bravos de Apure” y “Tiradores”. 

-La Torre envía los batallones del “Príncipe”, “Basbastro” e “Infante” a sostener y mantener la línea de combate, pero ocurre que el grueso de la caballería del Gral. Páez entró de improviso por el norte de la sabana.

-Ante esta nueva situación, La Torre ordena el ataque de los “Húsares de Fernando VII” para hacerles frente, y ¡cual no fue su sorpresa!, que estas unidades al mando del Brig. Morales no obedecieron la orden y después de descargar sus carabinas, se dispersaron.

-Como último recurso, La Torre ordenó al regimiento de caballería “Lanceros del Rey” (también a las órdenes del Brig. Morales) a contratacar, pero esta unidad siguió la misma pauta anterior, negándose a acatar la orden (el brigadier canario Francisco Tomás Morales, hombre sanguinario, déspota, ruin y envidioso, mantenía una desafección con el Comandante en Jefe, tal vez por celos profesionales y envidias inconfesables. Esta actitud había sido denunciada a Madrid por unos cuantos oficiales y por el mismo La Torre, no encontrando respuesta).

-Ante esta grave incidencia y el mal cariz que por su causa tomó el combate, La Torre optó por la retirada ordenada, la cual ejecutó con singular maestría. Forma cuadro con el batallón “Valencey” y escalonadamente retroceden hasta la ciudad de Valencia y proseguir la marcha, ya en horario nocturno, y refugiar el resto de sus fuerzas en la fortaleza de Puerto Cabello, tras una dura y larga marcha.

El Gral. La Torre perdió en la batalla 120 subalternos y unos 2.700 soldados, logrando salvar el resto de su ejército. El Gral. Bolívar también sufrió cuantiosas bajas, especialmente durante la persecución a las fuerzas de La Torre, pero en menor cuantía. El mismo Bolívar, en su parte final de la batalla, reconoce el valor de sus “reales enemigos”.

Con esta acción, el poder español en Venezuela había terminado, pero aún pasarían dos años para llevarse a cabo la capitulación definitiva.


CONTINUARÁ…




MIGUEL DE LA TORRE PANDO, EL GENERAL DE LAS CUATRO GRANDES CRUCES.

Alfonso De La Torre Vaxeras
Escrito por Don Alfonso De La Torre Vaxeras, tataranieto del General,
desde España.
Escudo Familiar

Hay un período, el de gestación y desarrollo de la lucha por la Independencia de Hispanoamérica, en el que se advierte un vacío importante bibliográfico desde el punto de vista español, en el cual no se hace justicia a personajes que la protagonizaron y en el devenir de los tiempos, olvidarlos; en cambio, los americanos poseen una copiosa literatura al respecto y como es natural, parte de ella apasionada, haciendo hasta del más mínimo participante, pródigos elogios y obviando en cierta manera, los modos de algunos de sus contrarios. Eso si, con trato de respeto, cuando no de admiración, hacia sus adversarios realistas, y que los patriotas, los que bravamente lucharon por la independencia, en el fondo, sentían correr por sus venas la sangre española que justamente se vertió en aquella larga y cruel guerra civil. Es en este escenario donde se destaca con brillo propio, un hidalgo, un estratega, un guerrero, un ético humanista. Se llama Miguel de la Torre Pando, actor importante al que le tocó desempeñar el papel de antagonista, que arriesgó varias veces su vida, que luchó con denuedo y valentía por defender a su patria y los ideales que creía, tratando con deferencia y respeto al adversario y siendo magnánimo con el vencido.
Autor: Eliab Metcalff

Nació Miguel De La Torre en Bernales, Valle de Carranza, Vizcaya, en 1786. En 1800, a los 14 años de edad, ingresa al ejército español para luchar contra los franceses en la Guerra de Independencia española. En 1808 es ascendido a Teniente. En 1809 es herido y cae prisionero en la batalla de Medellín (Badajoz). Liberado, vuelve a ser herido en la batalla de Ocaña. Participa en las batallas de Fuentes de Oñoro (1811), Pamplona (1812), Vitoria (1814) y luego, persiguiendo en su huida a los franceses en Lousma, Trellet, Sampalem, Garlez y Bayona, remata en la batalla de Tolosa (1814). En estas campañas en las que coincidió en algunas con Pablo Morillo, a las órdenes del Marqués de la Romana, obtuvo los diplomas para el uso de las cruces concedidas por la fuga de Madrid, batallas de Talavera, Vitoria, Volosa, Pamplona, Bayona y Medellín.

En fecha 10 de enero de 1815, ostentando el grado de Coronel, se ve involucrado en la decisión que tomó el gobierno de D. José Fernando de Carvajal y el ministro de la Guerra D. Francisco Eguia, de mandar un ejército expedicionario al Virreinato de la Nueva Granada y a la Capitanía General de Venezuela, con el fin de sofocar los graves e importantes focos de subversión surgidos en estos territorios. 


Esta expedición, compuesta de 15000 hombres, está comandada por el General D. Pablo Morillo, militar avezado en la lucha del mar y en la lucha de guerrillas, y eligiendo como su segundo al mando al Coronel D. Miguel de la Torre. Ya para abril del año 1815 la expedición militar toma la Isla de Margarita, en Venezuela, y el 6 de diciembre de ese mismo año, sitian y toman la plaza de Cartagena de Indias, en la Nueva Granada. El  1ro. de abril de 1816, La Torre es ascendido a Brigadier, ocupando en esa misma fecha Tunja y la capital Santa Fe de Bogotá.

(Autor Alfonso De la Torre Vaxeras)
La Torre continua su campaña y atraviesa las ásperas cordilleras de los andes, reuniéndose en Pore con las columnas de cazadores. En noviembre de 1816 obtiene el mando de la vanguardia del ejército y atraviesa desiertos y pantanos hasta las llanuras de Casanare, donde derrota al Coronel Manuel Roërgas de Serviez. En enero de 1817 es derrotado por el General José Antonio Páez en la Batalla de Mucuritas y por el Gral. Carlos Manuel Piar en la Batalla de San Félix en abril de 1817. Sin embargo, nuevamente saborea el triunfo al derrotar al Gral. Pedro Zaraza en la Batalla de La Hogaza, en diciembre de 1817, resultando herido. Por esta acción le fue concedida una de las Grandes Cruces. Durante el año 1818 se dieron lugar varias acciones en los llanos centrales de Venezuela, con resultados inciertos para ambos ejércitos: Batalla de Calabozo (12 de febrero),  La Uriosa (15 de febrero), El Sombrero (16 de febrero), Semen ó La Puerta (16 marzo), Ortiz (26 de marzo), Rincón de Los Toros (17 de abril), Cojedes (2 de mayo) y Laguna de Patos (19 de mayo). Precisamente, en la batalla de Semen ó La Puerta, el Gral. Pablo Morillo fue gravemente herido al ser cruzado por el costado por una lanza, lo cual lo mantuvo al borde la muerte durante varios meses.
Autor Tito Salas. Capitolio Federal, Caracas
El Gral. La Torre toma el mando del ejército y continuó con las siguientes acciones descritas. La batalla más sangrienta se llevó a cabo entre el Gral. La Torre y el Gral. Páez en Cojedes, el 2 de mayo de 1818, resultando ambos ejércitos seriamente disminuidos, retirándose los dos Jefes militares a las sombras de la noche. La Torre resultó herido de gravedad en esta batalla y por esta acción recibió la segunda de las Grandes Cruces.

Continuará...



El niño José Félix Rivas Palacios
Gral. de Brigada (Ej) Eumenes Fuguet Borregales

El valeroso prócer caraqueño José Félix Ribas, el 12 de febrero de 1814 en la población de La Victoria, se inmortaliza defendiendo la ciudadela organizada como posición defensiva, luego de ocho horas de combate y recibir nueve cargas de la caballería enemiga, derrotó a las huestes del sanguinario José Tomás Boves, comandadas esta vez por Francisco Tomás Morales. A las cuatro de la tarde se decide la acción, gracias a la oportuna llegada del comandante Vicente Campo Elías con refuerzos. El Libertador al conocer el día 13, la fasta noticia en su cuartel general ubicado en Valencia, designó a Ribas "Vencedor de los tiranos en La Victoria". Por la heroica y decidida participación de los jóvenes en tan importante acción bélica, la Junta Revolucionaria recomendó a la Asamblea Nacional Constituyente, recordar tal efemérides, y a tal fin, elaboró el 10 de febrero de 1947 un decreto, aún vigente, de conmemorar el 12 de febrero "El Día de la Juventud Venezolana". El Sr. Juan Bautista Dalla-Costa fue un hombre sumamente progresista. Fue Presidente (Gobernador) del hoy Estado Bolívar durante varios períodos: en el año 1855, luego en el lapso 1861-1863 y posteriormente en 1867-1871. Fue la personalidad política dominante de la vida política guayanesa entre los años 1850 y 1870. Basta visitar Ciudad Bolívar en la actualidad y observar como su nombre lo llevan avenidas, institutos educacionales, áreas deportivas, parroquias, etc. Igualmente observaremos estatuas en reconocimiento a la labor desarrollada por este honorable ciudadano.

Algo inédito en los anales de la historia mundial, lo constituye, que el Libertador desde Valencia, nombró al niño de tres años de edad José Félix Ribas Palacios, capitán vivo y efectivo de infantería de línea, con goce de sueldo. Este párvulo, hijo único de José Félix Ribas Herrera y María Josefa Palacios, hermana de Doña María de la Concepción Palacios Blanco, madre del Libertador, nació en Caracas el 14 de febrero de 1811. El año 1823, ingresa al servicio militar con igual grado, autorizado desde Bogotá el 7 de abril de 1823, por el vicepresidente, el general de división Francisco de Paula Santander, refrendado por el Secretario de Guerra y Marina, el coronel barinés Pedro Briceño Méndez. En Venezuela es admitido oficialmente el 18 de mayo de 1823 por el general José Antonio Páez desde su cuartel general ubicado en Valencia; el general Carlos Soublette, Intendente del Departamento de Venezuela, quedó encargado del cumplimiento de esta ordenanza. El capitán Ribas, a los cuarenta años, desposa en Caracas el 22 de mayo de 1851 a Carmen Villavicencio Anzola. Retirado del servicio de las armas, se dedica a labores agrícolas en el Valle de Caracas.

El Congreso Nacional el año 1856, a través de la Comisión de Guerra del Senado, en un acto de justicia histórica, ante una disposición del mismo Libertador, decretó el 25 de febrero, el pago de sueldo y un adicional de veinte mil pesos por parte del Tesoro Público, en gratitud a los valiosos servicios prestados a la patria por su padre, el "Benemérito" general en jefe José Félix Ribas, fallecido brutalmente en el campo del honor. Artículo 1ro- Como un testimonio de gratitud a los grandes e importantes servicios prestados por el general en jefe José Félix Ribas a la noble causa de la independencia de Colombia, se conceden a su hijo legítimo José Félix Ribas Palacios, la suma de veinte mil pesos que se le entregarán por porciones de cinco mil pesos en los cuatro años económicos próximos a contar desde el entrante inclusive. Artículo 2do- Con la asignación expresada en el artículo anterior, quedan canceladas las acreencias que reclama de Venezuela el capitán Ribas Palacios. Con el tiempo y ante la difícil situación económica, se vio en la necesidad de recordarle el 1ro de julio de 1869 al señor González Vega, ministro de Hacienda, honrar con la deuda pendiente por parte del Tesoro Público de los veinte mil pesos, decretados en 1856, debido a que solamente le han entregado cuatrocientos diez y cuatro pesos, quedando pendiente la cantidad de diecinueve mil quinientos ochenta y cuatro. Muere en Caracas el 18 de junio de 1875, sin recibir por parte del Estado, su justo reclamo económico. La viuda, continuó las gestiones ante el Congreso Nacional, por tal motivo la Cámara del Senado el 14 de julio de 1909, aprobó por unanimidad, reforzado con un nutrido aplauso, que en la ley de presupuesto de ese año se le asignen ochenta mil pesos que por derecho le corresponden; el documento pasó a la Comisión Permanente del Ministerio de Relaciones Interiores. El 28 de diciembre de 1909, la viuda realizó las gestiones ante la Junta de Pensiones, para la asignación de una pensión militar de quinientos bolívares. Tuvieron que transcurrir casi cien años, para cumplir la disposición del Libertador, quien por cierto escribió en Lima el 25 de mayo de 1825, su proyecto de constitución para Bolivia, allí dijo: "...La responsabilidad de los empleados públicos, se señala en la Constitución". Sobre el tema, escribe desde Coro al Gral. Páez el 23 de diciembre de 1826: "...Mi gloria se ha fundado sobre el deber y el bien"


JUAN B. DALLA-COSTA DECRETÓ LA INSTRUCCIÓN GRATUITA ANTES QUE EL GRAL. GUZMÁN BLANCO

Dalla-Costa era hijo de Juan Bautista Dalla-Costa y de la famosa Isabel Soublette Jerez Aristigueta, hermana del General Carlos Soublette. Pertenecía a una familia adinerada, lo cual le permite ejercer un liderazgo sobre la burguesía local. Educado en Estados Unidos y en Alemania, enriqueció su nivel cultural viajando por diferentes países del mundo. Durante su gestión como Gobernador, en circular a todos los Prefectos Departamentales con fecha 20 de julio de 1867, establecía la instrucción pública gratuita para todos los hijos y vecinos de Guayana, lo cual acompañó con varios decretos de creación de varias escuelas primarias en los diferentes Departamentos. Con esta acción, Dalla-Costa se adelantaba al General Guzmán Blanco, cuando desde la Presidencia de la República, con fecha 26-06-1870, decretó la instrucción pública gratuita y obligatoria en toda la República.

Pero Dalla-Costa será recordado por una amplia y enérgica capacidad de trabajo y progreso en la región: Alentó el desarrollo minero-industrial y manufacturero de Guayana; promovió la explotación comercial del caucho y del balatá en las zonas del Caura y La Paragua; impulsó el desarrollo de las minas de oro en El Callao; decretó el primer Código de Minas de Guayana; incentivó el establecimiento de colonos extranjeros, con el fin de fomentar el desarrollo agropecuario guayanés; dio facilidades para la venida de capitales nacionales y extranjeros; liquidó los monopolios comerciales, especialmente los de navegación por el río Orinoco; protegió a los indígenas; organizó las rentas públicas y estatales; promovió la traída del ferrocarril a Guayana; transformó urbanísticamente a Ciudad Bolívar y su periferia, construyendo caminos, plazas, alamedas, puertos, fuentes, hospitales, el Palacio de Gobierno, el Colegio Federal, iglesias, cementerios, cárceles, teatros, mercados, mataderos, asilos, red de correos; promovió la organización de artesanos, creación de escuelas nocturnas y dominicales para niños pobres, escuelas artesanales e institutos de bachillerato hasta culminar con el establecimientos de estudios superiores de medicina, los primeros del oriente del país; decretó la enseñanza del idioma inglés; creó escuelas para los indígenas; sostuvo un plan de becas para continuación de estudios de bachillerato; fundó escuelas para niñas.

En materia política, su gran labor fue mantener el Estado Guayana en forma neutral durante la Guerra Federal (1859-1863) y la Revolución Azul (1868-1869), con el objetivo de no realizar baños de sangre en la región y reducir el creciente auge comercial. Sin embargo, fue derrocado en 1871 por el remanente de la fuerzas de la Revolución Azul, saliendo al exilio. Murió en Ciudad Bolívar el 10 de febrero de 1894.

Después de Juan Bautista Dalla-Costa, no se ha visto un Gobernador tan progresivo y que su pensamiento siempre estuvo enfocado en el bienestar de sus conciudadanos


LA SUERTE DEL TENIENTE GENERAL JOSÉ DE CANTERAC
El Teniente General José de Canterac es muy conocido en nuestra historia, por haber tomado parte en diversos combates en la guerra de independencia, en Cariaco, Carúpano y Porlamar. Precedido de una gran fama como General en la Península Ibérica, había llegado Canterac a Venezuela, en mayo de 1817,  al frente de una expedición de 3.000 hombres, para trasladarse al Perú. El General Morillo decidió dejarlo un tiempo en la Isla de Margarita con el fin de llevar adelante acciones bélicas contra los patriotas en dicha isla. Posteriormente se traslada al Virreinato del Perú, a las órdenes del General José de La Serna, convirtiéndose en el más conspicuo del grupo de oficiales del Ejército Real llegados a América en esos años. El mismo Libertador Simón Bolívar le reconocía sus méritos. Ambos jefes militares midieron sus fuerzas en la Batalla de Junín el 6 de agosto de 1824, saliendo derrotado Canterac.

Después de Junín, el nuevo Virrey La Serna tomó el mando del ejército, manteniendo a Canterac a su lado como Jefe de Estado Mayor. El 9 de diciembre de 1824, se decidió el destino de América en la Batalla de Ayacucho, resultando herido La Serna, tomando el mando Canterac, siendo derrotado por el General Antonio José de Sucre, firmando la Capitulación que ponía fin al dominio del Imperio Español en América.A su regreso a España, ocupó varios cargos de elevada posición siendo nombrado en 1835, Capitán General de Castilla La Nueva. Apenas nombrado en este cargo, tres días después, se subleva una fuerza en la Casa de Correos, situada en la Puerta del Sol, al mando de Bernardo Cordero. Armado de coraje, el General Canterac se presentó completamente solo ante los mencionados amotinados, quienes le hicieron una descarga, dejándolo muerto en el acto.

Era Canterac de ideas tan reaccionarias, que en España se decía que la libertad tenía tres enemigos: Fernando VII, Laserna y Canterac




Hombres nuevos al Poder: Los Andinos

El triunfo de la Revolución Liberal Restauradora, acaudillada por el General Cipriano Castro en el año 1899, marca una ruptura definitiva con las formas anteriores de gobierno implantadas en Venezuela, desde la creación de la República de Venezuela, en el año 1830, después de separada de Colombia. Inicialmente, el Gobierno llama a todos los hombres de diferentes tendencias: liberales amarillos y nacionalistas, tanto civiles como militares. Los liberales amarillos tradicionales, quienes han gobernado desde el año 1870, han sido desplazados posteriormente en todo el país por una nueva tendencia: los liberales restauradores, formada por jóvenes liberales, otros ya algo viejos y antiguos nacionalistas. Nuevos hombres asumen el Poder y son ellos, los andinos, quienes van a conducir la política nacional, dentro de un clima de alzamientos, persecuciones, descontento y desigualdades políticas y sociales. Con ellos nace un nuevo período el cual determinará la desaparición de los caudillos en forma progresiva y las guerras civiles, que tanta sangre costaron a Venezuela en el período que va desde los años 1830 hasta 1899.

Con el General Cipriano Castro se inicia una nueva etapa política en Venezuela, pero será el General Juan Vicente Gómez el personaje central de estos cambios y símbolo de la época.



El Sacrificio de Eulalia Buroz

Eulalia Ramos Sánchez de Chamberlain, más conocida como Eulalia Buroz, nació en Tacarigua de Mamporal (Estado Miranda), el 11 de febrero de  1796. Sus padres, ricos terratenientes se adhirieron a la gesta emancipadora en 1810. En 1812, con  solo 17 años de edad, contrae matrimonio con el joven Juan José Velásquez, oficial republicano, quien por motivos de la guerra tuvo que ausentarse, dejando embarazada a su esposa, quien ante la llegada de los realistas tuvo que ocultarse en los bosques vecinos, con su pequeña hija de apenas 40 días de nacida, quien murió en el camino hacia Río Chico.

En el año 1813, estuvo a punto de ser fusilada por una partida realista, en el pueblo de Río Chico. Se salva por la llegada oportuna de fuerzas patriotas. Al conocer estos hechos, su tía Josefa Pía envía por ella y se traslada a Caracas, sin tener noticias de su esposo. En el año 1814 acompañó al Libertador durante la Emigración a Oriente, embarcándose con los refugiados rumbo a Cartagena, dejando familia, esposo y bienes. Allí tuvo amistad con la familia Buroz, parientes del General Carlos Soublette, y de allí viene la confusión con su apellido. Después de los sucesos de Cartagena, sale de dicha ciudad rumbo a Haití. Regresa a Venezuela en 1816, enterándose de la muerte de su esposo a manos de un pelotón de fusilamiento realista, al negarse a dar informaciones sobre su paradero.

Eulalia Buroz se traslada a Cumaná, refugiándose en la casa de su padre cerca de la ciudad. Por aquellos días conoce al coronel inglés William Charles Chamberlain, edecán del Libertador,  quien se enamora locamente de ella, contrayendo matrimonio, residenciándose en Barcelona. Herido Chamberlain en el combate de Clarines el 9 de enero de 1817, es trasladado a Barcelona, encontrándose con Eulalia meses más tarde, dentro del grupo de defensores de la Casa Fuerte, a las órdenes del General Pedro María Freites, quien se había encerrado en dicho lugar, con unos 500 hombres, más algunos vecinos, en su mayoría mujeres y niños. Allí Eulalia Buroz lleva a cabo actividades de enfermera, cocinera y siempre dispuesta a colaborar con los patriotas.

El 7 de abril de 1817, las tropas realistas al mando del Coronel Juan José de Aldama, nuevo Jefe realista en Oriente, rodean la Casa Fuerte y comenzó el ataque con baterías, derrumbando los muros y procediendo al asalto. A pesar de la fuerte defensa, los patriotas fueron derrotados y degollados, al igual que el resto de la población allí encerrada. Eulalia se encuentra al lado de su esposo, quien prefiere quitarse la vida antes de caer prisionero, igual lo haría su esposa. Eulalia recoge el arma de su esposo en el momento en que un oficial realista entra, la hace prisionera y trata de acariciarla, diciéndole que le salvaba la vida si gritaba vivas a España. Revestida de la mayor serenidad, Eulalia dispara un pistoletazo, al tiempo que gritaba vivas a la patria, cayendo el oficial muerto a sus pies. Los soldados realistas, en venganza, descargan sus golpes con sus armas sobre Eulalia, mutilan su cuerpo ensangrentado y lo amarran a la cola de un caballo, terminando así con su humanidad.

Así murió esta valiente mujer.



¿QUIÉN ORDENÓ EL ASESINATO DEL GENERAL SERVIEZ?

El General Manuel Roërgas de Serviez, nativo de Francia, había llegado a Venezuela en el año 1812, prestando sus servicios bajo el mando del General Francisco de Miranda. Al perderse la Primera República, había emigrado hacia Nueva Granada, siendo acogido por el gobierno neogranadino, sirviendo en esa provincia en diferentes campañas, incluyendo una al mando del General Simón Bolívar, en 1814, durante el sitio y combate en  Santa Fe de Bogotá. Cuando se produce la invasión del General Pablo Morillo a Nueva Granada, emigra hacia los llanos del Arauca y Apure, sirviendo bajo las órdenes del General José Antonio Páez, después de los sucesos que allí acontecieron, cuando la tropa venezolana desconoció el mando del Coronel Francisco de Paula Santander. En la batalla de El Yagual, Serviez comandaba una de las tres brigadas, cubriéndose de gloria en tan heroica acción, sumando otra victoria al General Páez. 


Después de este combate, Serviez había solicitado permiso para retirarse a descansar en un rancho, alejado de las fuerzas patriotas, frente a la población de Achaguas. Muchos compañeros le recomendaron a Serviez prudencia en esa acción por los peligros que lo acechaban. Era atendido por una mujer de nombre Presentación, mientras el general meditaba y pasaba los días recuperándose de trastornos físicos producto de tantas campañas. Hombre previsivo, había hecho algunos ahorros y entre los llaneros el comentario común era que Serviez tenía en su poder una botella llena de oro en polvo. Esto despertó la codicia entre los llaneros. A finales de octubre de ese año 1816, se presentaron cuatro malhechores a su rancho, siendo atendidos por Presentación. Exigieron ver al general y al verlo cayeron sobre él, matándolo a machetazos. 


Este crimen trajo muchas conjeturas. Una de ellas acusaba al propio General Páez, quien rivalizaba con Serviez en cuanto a experiencia militar y había  clara enemistad entre ambos. El jefe llanero inició una investigación, aunque existen varios testimonios de oficiales presentes en el ejército de Páez, que la misma fue débil y sin intenciones reales de aclarar el crimen. Estos testimonios siguieron presentándose muchos años después, ya acusando a Páez de ser el autor intelectual de dicho asesinato, teniendo entre otros al General Daniel Florencio O’Leary, General Miguel Guerrero y Coronel Presbítero José Félix Blanco.
El Libertador Simón Bolívar, ante tantos testimonios dados por tantos oficiales, siempre se negó a admitir las sospechas contra el General Páez, aunque éstas estaban bien infundadas, pero mantuvo la duda sobre la autoría intelectual del crimen contra el General Serviez.  El error de este oficial patriota fue el haber confiado en sus compañeros, como decía, siendo las armas llaneras las que lo asesinaron.








EL CORONEL MARTÍN ESPINOZA: 
LAS TRECE FIERAS

El siguiente relato corresponde al inicio de la Revolución Federal, o como mejor se le conoce, Guerra Federal, la cual aconteció en Venezuela durante el período comprendido entre 1859-1863. Antes de iniciarse esta cruenta guerra, la situación política del país estaba muy inestable y grupos armados rondaban en diferentes regiones, cometiendo atropellos y ejecutando acciones de guerrilla contra las fuerzas gubernamentales. En Carabobo estaba la Facción de la Sierra, mientras que en Barinas, una de las facciones más fuertes era la de José Antonio Linares. Todos estos grupos en el occidente fueron llamados "Los Indios de Guanarito", y en sus comienzos se dedicaron al pillaje, vandalismo, saqueos, asesinatos, etc. Las fuerzas locales del Gobierno habían sostenido pequeños encuentros con estos facciosos, cometiendo los mismos excesos en los poblados que ocupaban, y logrando con estas acciones que los "indios" fueran más temibles aún, y aún derrotados, reaparecían en otro sitio, ya que el apoyo popular hacia ellos era muy grande.
  Una vez iniciada la Revolución Federal, el General Ezequiel Zamora emprende su campaña desde La Vela de Coro, el 22 de febrero de 1859. Esa campaña lo lleva al centro del país y emprende un viraje hacia la región sur-occidental. A medida que Zamora avanza, se le suman hombre dispuestos a emprender la lucha, e igualmente se le suman las diferentes facciones a las cuales nos hemos referido, otorgándoles el General Zamora grados militares. En la región de Guanare se le une Martín Espinoza, un mestizo, indiado, de ojos verdes, natural de Guanarito y nacido en el año 1820. Había ejercido el oficio de bonguero en el río Guanare y era analfabeto. Había iniciado una insurrección campesina en 1858, y entre sus actividades figuraban el abigeato, saqueo, violaciones, asesinatos, etc., y ahora se incorporaba a las fuerzas de Zamora. Obtuvo el grado de Coronel. Lo más peculiar de Espinoza era que contaba con un Estado Mayor, formado por trece  jinetes de su entera confianza, siendo conocidos solamente por sus apodos: Mapanare, Caimán, Tigre, Cascabel, León, Onza, Pantera, Perro, Gavilán, Toro, Lobo, Caribe. Estos hombres, con Martín Espinoza a la cabeza, fueron conocidos como "Las Trece Fieras".
  Espinoza, militando en las filas del ejército del General Ezequiel Zamora, no modificó su conducta en lo más mínimo. Su grito de guerra era "Mueran todos los blancos y todos los que sepan leer y escribir". Cuando entraban a un pueblo, violaban a todas las mujeres blancas y se casaba con la joven que más le apeteciera, entregándosela luego de trofeo a sus hombres. No tenía piedad con nadie. Su tarea era matar a los oligarcas, quienes hacían sufrir al pueblo. En sus andanzas, Espinoza estuvo acompañado por el cura párroco del pueblo El Regalo, Barinas, Simón Pedro Ramírez, y por el brujo Tiburcio Pérez, conocido como El Adivino, quien ejercía gran influencia sobre su Jefe, debido a sus dotes agoreros. Era Tiburcio el encargado de oficiar las uniones matrimoniales de Espinoza en cada pueblo. Igualmente hacía los ensalmes en las operaciones militares de Espinoza y sus hombres, marcando con una cruz a las víctimas, inclusive participando en uno que otro asesinato. Tiburcio también daba sus misas a esta masa humana, ya que le gustaba vestir de sacerdote, sembrando en sus mentes más ideas de destrucción de la raza blanca.

El General Ezequiel Zamora se aprovechó de esta gente para hacer su revolución, pero esta conducta absurda de Espinoza y sus fieras se estaba desbordando. En vista de ello tomó una determinación: frenar a Espinoza de sus desmanes, ya que esta conducta podía contaminar al resto de sus hombres, y en vista de que el sujeto no oía consejos y no hacía caso de las amonestaciones, por consiguiente, decidió fusilarlo, como escarmiento de no permitir crímenes comunes, desobediencia, deserción, insubordinación, en los cuales había caído Espinoza. El problema eran las "Fieras". Para ello, Zamora preparó un plan para aislar a Espinoza de sus hombres, asignándoles tareas fuera del pueblo de Santa Inés, epecíficamente a participar en el sitio de Guanare. Una vez logrado este objetivo, rodeó con su ejército al pueblo, arrestó a Espinoza y a su guardia, haciéndole un Consejo de Guerra relámpago, dirigido por su Secretario, el Lic. Francisco Iriarte, quien lo sentenció a muerte. Martín Espinoza fue fusilado de inmediato, delante de un frondoso árbol en la plaza del pueblo de Santa Inés, en Septiembre de 1859. Contaba Espinoza con 39 años de edad.





EL RECIBIMIENTO QUE LA NATURALEZA LE DIO A LOS EXPEDICIONARIOS BRITANICOS


Las experiencias vividas por los expedicionarios británicos al llegar a estas tierras venezolanas fueron de cuidado, en virtud de las penalidades que tuvieron que soportar y que en nada se parecían a las promesas de fama y fortuna que suponían iban a encontrar al llegar a Venezuela. Con razón es entendible que la mitad de estos expedicionarios hayan regresado espantados a Europa tan solo con oír los cuentos de los arrepentidos. Pero… ¿Cómo fue para aquéllos que desestimaron esas historias y continuaron con sus planes?. Veamos algunas de estas historias. (Hackett James y Brown Charles: Narraciones de dos expedicionarios británicos de la independencia. Instituto Nacional de Hipódromos. Caracas, 1966).

Una de las mayores penalidades sucedía a bordo de las mismas embarcaciones atracadas en Margarita en el año 1817: era la fiebre amarilla, la cual diezmaba a las referidas embarcaciones y apremiaba la limpieza de las bodegas, dejar en tierra a los enfermos y salir de la isla inmediatamente. A ello había que sumar el problema de los amotinamientos de los desesperados por regresar a Europa. Pero aún así, la fiebre amarilla reaparecía sembrando de terror y muerte las embarcaciones. Vamos a continuar el relato con aquellos expedicionarios que se aventuraron a entrar por las corrientes del río Orinoco para llegar al cuartel general patriota en Angostura. La navegación se hacía en contra de la corriente de este río, cuyos caudales eran muy fuertes, haciendo el avance muy lento, teniendo que hacer anclajes constantemente y esperar por vientos para poder continuar, además de tener que esperar por las naves pequeñas de reconocimiento para prevenir ataques indígenas sorpresivos. Ya de entrada el espectáculo era fantasmal, al observar la inmensa selva, los inmensos manglares y árboles gigantescos que arrugaban el corazón a cualquiera.

Continuando sus viajes llegaban a pequeñas aldeas indígenas, levantando tiendas en las playas, lavando bien los enseres para tratar de parar la epidemia abordo, pero las muertes seguían sucediendo. Más adelante en la ruta, serían transferidos a las flecheras provenientes de Angostura para continuar la travesía. Esto sucedía normalmente a los tres días de navegación. Estas canoas de transferencia eran conducidas por indígenas de aspecto fiero y salvaje. En los botes grandes se iban los jefes y la logística, y en los más pequeños se distribuía el resto del personal. El primer día navegabann con viento a favor, manteniéndose los botes juntos, repartiéndose los víveres, consistente en carne seca, galleta y una ración de ron. Pero el viento cesaba y la canoa grande se alejaba por tener más canaleteros y ya al anochecer había desaparecido de la vista, al igual que el resto de las canoas, las cuales quedaban dispersas en el área. Las canoas pequeñas no podían remontar la fuerte corriente, a pesar del esfuerzo usando los remos, teniendo los hombres que tomar descansos. La única forma de seguir adelante era amarrando las canoas en los troncos de los árboles y tirar todos de las amarras, avanzando muy lentamente. No podían dormir ya que se veían acosados por millones de mosquitos y zancudos que los picaban aún a través de las ropas, casi enloqueciéndolos por esa tortura. Los indios disfrutaban el espectáculo ya que los insectos no los molestaban a ellos. Además, otros elementos los aterrorizaba: el rugido cercano de tigres y los caimanes dando coletazos alrededor de la canoa, con riesgo que pudieran voltearse.

Ante ese panorama aterrador la noche era interminable. La llegada del sol aliviaba la tensión, pero el problema continuaba. No había viento y la única forma de seguir era por el amarre en los troncos delanteros y para ello un indio nadador se lanzaba al agua para sujetar las amarras, repitiéndose la operación 20 ó 30 veces en el día. Como elementos del paisaje se veían los caimanes calentándose al sol con las fauces bien abiertas. Como el bote con la logística se había ido, solo les quedaba carne putrefacta y aunque lograban matar animales con sus armas, no podían tomarlos debido a la tupida maleza. Nuevamente venía la noche con situaciones idénticas a la anterior. Al día siguiente, normalmente, caía un torrencial aguacero de seis horas de duración dejándolos totalmente empapados, con riesgo de caer enfermos, esperando poder secar la ropa y cobijas cuando saliera el sol, el cual era como un fuego abrasador. En la noche continuaba la lluvia multiplicándose los zancudos y mosquitos. Al día siguiente, llegaba una canoa conducida por un indio, enviada por los jefes, asistiéndolos con un pedazo de carne seca, galleta y ron. Les informaba el indio que las demás embarcaciones estaban igual que ellos.

Esta situación se mantenía durante ocho días, hasta que llegaban a una aldea india, donde un jefe patriota los esperaba con embarcaciones mayores y los preparaba por emboscadas realistas. Les daban algo de alimentos e inicialmente todas las canoas, seis en total, se mantenían a la vista, pero posteriormente la situación volvía como las descritas anteriormente. Eran cuatro días de igual sufrimiento, teniendo que comer la carne putrefacta, ya que después del primer día, en ausencia de sal, la carne se dañaba. Llegaban a otra isla habitada por indígenas donde eran asistidos. Dos días después llegaban a la fortaleza Guayana la Vieja, donde eran atendidos un poco mejor, pero con penurias, ya que esta gente vivía sin recursos y miserablemente.

Salían para Angostura navegando otros tres días con el principal problema de la comida putrefacta hasta llegar a otra aldea indígena en otra isla. Allí se abastecían y continuaban por seis días más de navegación, pero dejando el paisaje selvático y encontrando uno mucho más placentero. Finalmente llegaban a Angostura totalmente hambrientos y desfallecidos. Esta aventura era similar a otras travesías que retaban el imponente río Orinoco para llegar a la capital de la provincia. Pero no todo terminaba aquí. Comenzaba otro calvario.

Cuando los expedicionarios británicos llegaban a Angostura la fiebre amarilla fue sin duda la causa de muerte más fuerte que habían enfrentado, pero una vez en esta ciudad se sumaron las fuertes diarreas, las cuales consumían diariamente tanto a ellos como a las tropas venezolanas. Ello era como consecuencia de la mala alimentación, especialmente al consumir carne descompuesta, motivado a no poder secarla con sal por carencia de ésta. En contadas ocasiones consumían casabe o pan, especialmente cuando llegaba algún barco con provisión de harina. Otro problema se refería a la higiene personal. Los oficiales extranjeros no disponían de dinero para pagar por el lavado de la ropa, teniendo cada quien que hacerlo en horas de la noche a orillas del río Orinoco, para ello tenían que montar guardia para prevenir cualquier ataque de un caimán. Se escuchaban relatos de estos reptiles que se aventuraban hasta las calles para capturar algún desprevenido.

Otros relatos que conocieron en Angostura fue sobre la muerte del coronel británico MacDonald, quien al navegar por el río Apure cometió la imprudencia de abandonar su flechera para embarcarse en una canoa, con el fin de ir más rápido, tomando un atajo. Durante el recorrido se detuvieron en una aldea indígena, desoyendo las advertencias de sus hombres de no hacerlo. Caminó solo hasta los indígenas, quienes lo provocaron, logrando defenderse, pero fue muerto por varias cargas de flechas, mientras el resto de los hombres huían con muchas dificultades. Otros tres oficiales británicos perecieron cuando imprudentemente también, desembarcaron a orillas del río Orinoco con el fin de cocinar sus alimentos en la playa, cerca de una choza abandonada. Cuando sus compañeros fueron por ellos, solo encontraron restos , con claro indicio que fueron comido por los tigres. A partir de ese día, el sitio fue conocido como “la choza del tigre”.

En fin, los oficiales británicos se las vieron negras en tierra venezolana.

Esto era solo el comienza… lo sucedido durante las campañas es otra historia



EL CORAZON DEL LIBERTADOR SIMÓN BOLÍVAR

Hemos visto en el artículo principal, que durante el acto de exhumación de los restos del Libertador en Santa Marta, en el año 1842, el General Joaquín Posada Gutiérrez, Gobernador de Santa Marta y Presidente de la Comisión por Nueva Granada, entregó al Dr. José María Vargas una comunicación, en la cual le solicitaba permiso para conservar la urna que contenía el corazón del Libertador, pues desean que la Nueva Granada conserve algo de tan preciosos restos, y dejarla en el mismo lugar donde reposaron los restos del Libertador en la Iglesia Catedral de Santa Marta. La comunicación de fecha 20 de noviembre de 1842, tuvo respuesta inmediata, autorizando el Dr. José María Vargas, que la urna contentiva el corazón de Bolívar fuera dejada en la nave central de la Catedral de Santa Marta.

Posteriormente, cuando el General Posada abrió esta urna sólo encontraron tierra y polvo. De todas maneras giró sus instrucciones y dejaron la pequeña urna en el sepulcro donde reposaron los restos del Libertador. En fecha 31 de mayo de 1843, el Congreso de la Nueva Granada ordenó que la pequeña urna fuera traída a Bogotá y en la Catedral de esta ciudad se erigiera un monumento donde habría de depositarse esta preciosa reliquia. Igualmente, que en la Catedral de Santa Marta se erigiera otro monumento señalando que allí reposaron los restos venerados del Libertador de Colombia. El monumento en cuestión fue mandado a construirse en Italia, con el escultor Pietro Tenerani. El monumento era similar al construido por el mismo escultor y que se había colocado en el Panteón Nacional en Caracas. Lamentablemente, este monumento se perdió en el naufragio del buque "Cuaspud", el 25 de septiembre de 1867, cuando procedente de Italia, navegaba frente a las costas de Venezuela, con rumbo a Colombia. Fue encargada posteriormente, la construcción de una nueva escultura a Tenerani, pero lamentablemente este escultor murió en 1869.

Catedral de Santa Marta

Pero... ¿qué sucedió con la urnita y el corazón hecho polvo del Libertador?. Lamentablemente no se sabe. Durante la guerra civil que dirigió el General Tomás Cipriano de Mosquera contra el Presidente Mariano Ospina Rodríguez, en diciembre de 1860, la catedral de Santa Marta fue prácticamente destruida, ya que tropas rebeldes estaban acuertaladas allí y las consecuencias de una guerra sin sentido, dejaron sus marcas. El corazón del Libertador, seguramente, también se esparció por el altar mayor. En el decir popular se comenta que el corazón de Bolívar está escondido en algún lugar de la Catedral.