Anécdotas...

 
EL ARCO DE LA PUERTA
 
En fecha 22 de diciembre de 1926 se inauguró en La Puerta, Edo. Guárico, el famoso Arco conmemorativo de la Batalla de La Puerta, levantado por el Gobierno del Estado Aragua en aquel sitio histórico. Pero ,  ¿a cuál batalla de La Puerta nos estamos refiriendo?. No a la librada por nuestros libertadores, como en algunas placas colocadas allí parecieran referirse. No. Nos referimos a la Batalla de La Puerta librada por el Gral. Juan Vicente Gómez contra el  Gral. Luciano Mendoza, en 1901.  Era el primer triunfo del Gral. Gómez de su ardua campaña llevada a cabo desde el año 1901 hasta 1908, hasta desbaratar todos los planes revolucionarios de la época en contra del Presidente Gral. Cipriano Castro. El mismo Gral. Gómez le escribía mediante un telegrama al Gral. Castro: “El veintiuno de diciembre de mil novecientos uno salí de esa capital a someter al General Luciano Mendoza, primer alzado contra las Instituciones de la República. Hoy, después de cincuenta horas de ruda y sangrienta batalla, tengo el honor de poner a su disposición esta plaza, último baluarte de la rebelión”.
 
El orador de orden en este acto inaugural fue el sacerdote y poeta Carlos Borges. En su alocución no se cansa de dar loas al Benemérito General Gómez. Dice en una de sus partes que “fue aquí que el Rehabilitador de Venezuela recibió por primera vez la completa revelación de su destino: fue aquí donde pudo decir como San Pablo a los corintios: “Se me ha abierto una Puerta grande y espaciosa” y comprender como esa Puerta era la aurora de los nuevos tiempos por donde el Hombre Predestinado, entraba el sol de la Paz y de la gloria que no había de ponerse más en el horizonte de la Patria”.

Igualmente, el padre Borges hace un análisis de las derrotas sufridas en La Puerta por el Libertador, el Gral. Mariño y el Coronel Campo Elías, durante la guerra de Independencia. Dice que los formidables hombres que lucharon durante catorce años, que recorrieron la América derrotando los más aguerridos ejércitos y clavando la bandera de a Libertad en todos los baluartes del dominio español, no pudieron sin embargo, vencer en La Puerta. Estaba escrito que entrar por esa Puerta sería en una Patria adulta, dueña de su destino, apoyada en el brazo invencible y en el corazón inmaculado del que realizó para ella el sueño de los Libertadores. Por supuesto, el Gral. Juan Vicente Gómez.

El final de su discurso es apoteósico: “Señores! Empecé con la Biblia y con la Biblia voy a terminar. Ya no es un profeta sino Cristo mismo quien habla. Oíd lo que dice el Señor: “Yo soy la Puerta! Y el que por Mí entrare será salvo y gozará de la abundancia de todos los bienes”. Ahora bien, lo que Jesús dice refiriéndose a nuestra Patria del cielo, nos lo repite Gómez, refiriéndose a nuestra patria de la tierra: “Yo soy la Puerta y mis brazos estarán siempre abiertos para todos los venezolanos”.

Posteriormente,  el 24 de julio 1929, en la celebración del cumpleaños del Gral. Gómez, no del Libertador Simón Bolívar, el Dictador hace iluminar el Arco de La Puerta con un faro de 24 mts., colocado en la parte más alta del morro, el cual iluminaba hasta el llano. Hasta hace pocos años la carretera nacional atravesaba dicho Arco en el recorrido desde el centro hacia los llanos venezolanos. Ahora hay un pequeño  desvío, pudiéndose observar el Arco desde arriba.
El lector dirá.

                               

Frases Célebres
A lo largo de nuestra historia, algunas frases pronunciadas por algún personaje de la política venezolana o sencillamente por algún participante de la vida pública del país, han quedado en el hablar del venezolano y pudieran considerarse como “históricas”, pero que indudablemente han marcado el hablar de las personas. Algunas de ellas llevan en sí una gran connotación emocional y otras han quedado por siempre como muestra de coraje, templanza y de actuar.

Muchas frases o expresiones históricas se han quedado en el pasado. Otras han emergido con suficiente fuerza para mantenerse dentro de nosotros. Tiene que ver el contexto en el cual fueron pronunciadas estas frases y la motivaron que impulsaron las mismas. Existen algunas oraciones con un texto muy largo que también han dejado huellas, como por ejemplo el juramento de Simón Bolívar en el Monte Sacro. Las siguientes expresiones son una pequeña muestra de las mismas:

-La Tierra de Gracia: Cristóbal Colón, 1498, durante el viaje de descubrimiento de Venezuela.
-Aquí en Trujillo sólo sabemos leer el Ave María y el Padre Nuestro: Diego de la Peña, 1561.
-De Caracas no quiero ni el polvo, ahí se lo dejo: fray Mauro de Tovar, 1653.
-No pasará mucho tiempo sin que mis cenizas sean honradas: José María España, 1799.
-Si se opone la naturaleza, lucharemos contra ella y haremos que nos obedezca: Coronel Simón Bolívar, 1812.
-Pues yo tampoco quiero mando: Capitán General Vicente Emparan, 1810.
-Bochinche, bochinche. Esta gente no es capaz sino de bochinche: General Francisco de Miranda, 1812.

-Si con dos hombres basta para emancipar a la Patria, pronto estoy en acompañar a Usted: General Rafael Urdaneta, 1813.
-Sin Patria no quiero esposa: General Juan Bautista Arismendi, 1815.-Moral y luces son nuestras primeras necesidades: General Simón Bolívar, 1819.
-Vuelvan caras: General José Antonio Páez, 1819.
-No saldré de aquí hasta que la Patria sea libre: Josefa Palacios Blanco, viuda del Gral. José Félix Ribas.
-Mi General: vengo a decirle adiós porque estoy muerto: Teniente Pedro Camejo, 1821.
-¡Compadre! ¡Delante de mí, la cabeza de mi caballo!: Teniente Coronel Julián Mellado, 1821.
-¡Triunfar!: General Simón Bolívar, 1824.
-Es preciso prever el porvenir: General Antonio José de Sucre, 1827.
-En las guerras civiles no se conquistan glorias ni se ganan ascensos: General José de La Cruz Carillo.

-El mundo es de los valientes: General Pedro Carujo, 1835.
-El mundo es del hombre justo: Presidente Dr. José María Vargas, 1835.
-Venezuela no se ha perdido, ni se perderá nunca, porque un ciudadano se burle del Presidente. Venezuela se perderá cuando el Presidente se burle de los ciudadanos: General Carlos Soublette, aproximadamente en 1837.
-O inventamos o erramos: Maestro Simón Rodríguez, 1842.
-Mi cadáver podrán llevarlo, pero Fermín Toro no se prostituye: Fermín Toro, 1848.
-La Constitución sirve para todo: Presidente General José Tadeo Monagas.

-Tan Joven y tan traidor: Presidente Pedro Gual, 1860.
-Caerse, señores, no es caer: Pedro José Rojas, 1862.
-Si los contrarios hubieran dicho Federación, nosotros hubiéramos dicho Centralismo: Antonio Leocadio Guzmán, aprox. En 1867.
-Venezuela es como un cuero seco, que se pisa por un lado y se levanta por el otro: Presidente General Antonio Guzmán Blanco, aprox. En 1870.
-¡Este muerto es mío!: Presidente General Antonio Guzmán Blanco, aprox. En 1875.
-La planta insolente del extranjero ha profanado el suelo sagrado de la Patria: Presidente General Cipriano Castro, 1902.

-¡Chito!: Presidente General Juan Vicente Gómez: siempre la usaba.
-Calma y cordura: Presidente General Eleazar López Contreras, 1936.
-Sembrar el petróleo: Arturo Uslar Pietri, 1936.
-Ni renuncio ni me renuncian: Presidente Rómulo Betancourt, 1962.
-No es ni lo uno ni lo otro, sino todo lo contrario: Presidente Carlos Andrés Pérez, años 1970.
-We will come back: Rómulo Betancourt, 1978.

-Recibo un país hipotecado: Dr. Luis Herrera Campins, 1979.
-Por ahora: Tcnel. Hugo Chávez, 1992.
-Estamos mal pero vamos bien: Ministro Teodoro Petkoff, 2do. Gobierno del Dr. Caldera, 1994 – 1997.
-La cual aceptó: General Lucas Rincón, 2002.
-Todo está excesivamente normal: Dr. José Vicente Rangel, 2003.
-¡Por qué no te callas!: Rey Juan Carlos al Presidente Hugo Chávez, 2007.


Existen innumerables frases populares que han pasado al hablar del venezolano, sea por tradición, costumbres en algunos pueblos, programas de radio y televisión, etc. Son tantas que sería muy difícil escribirlas todas. Entre ellas tenemos:
Se sufre pero se goza; donde manda capitán no manda marinero; borracho no come dulce; cada loco con su tema; ¡mosca!; por si las moscas; lávate ese paltó; anda a ver si el gallo puso; a lo hecho, pecho; amor con hambre no dura; como vaya viniendo vamos viendo; buscarle las cinco patas al gato; a llorar al valle; cachicamo trabaja pa’lapa; cada loco con su tema; hacerse el musiú o paisa; como culo de foca; como gallina que mira sal; guerra avisada no mata soldado; hijo de gato caza ratón; hasta aquí te trajo el río; latir en la cueva; pájaro de mar por tierra; hierba mala nunca muere; perro macho se capa una sola vez; crea fama y acuéstate a dormir; más limpio que talón de lavandera; más perdido que el hijo de Lindbergh; tirar la piedra y esconder la mano; a quien madruga Dios lo ayuda; el pez muere por la boca; ojos que no ven, corazón que no siente; ni lava ni presta la batea; ahora si se montó la gata en la batea; se cree la última Pepsi Cola del desierto; se quedó como la guayabera; se te cayó la cédula; cuando tu vas, ya yo vengo; volverse un ocho; bajarse de la mula; a ponerse las alpargatas que lo que viene es joropo; concha e´mango; etc., etc., etc



“EL AMOR A LA PATRIA ES PRIMERO...”


El caso que se va a presentar ocurrió durante el desarrollo de la Campaña Admirable, en el año 1813. A su paso por Mérida, el General Simón Bolívar recibe todo el apoyo del pueblo merideño, tanto en el aspecto logístico como en hombres que se suman a la campaña. Pero tenemos un caso sumamente dramático, cuando el Sr. Don Antonio Rodríguez de Picón, le entrega al futuro Libertador sus tres hijos como contribución para el desarrollo de la guerra: Francisco Javier, Jaime Antonio y Gabriel, éste último de sólo 14 años de edad, encomendándolo especialmente a Simón Bolívar para que lo guiara. A su vez, todos los hermanos se incorporaron con su cuñado, el Cap. Vicente Campo Elías, para cerrar filas en el ejército de Bolívar.
En fecha 22 de julio de 1813, en la Batalla de Los Horcones, comandada por el Coronel José Félix Ribas, el joven Subteniente Gabriel Picón González, quien ya se había probado en combate en la Batalla de Niquitao tres semanas antes, mostró un valor inquebrantable al precipitarse y tomar unos cañones enemigos. En esta acción fue herido por metralla, destrozándole la pierna derecha, la cual quedó inutilizada. Al saber Bolívar la desgracia del Subteniente Gabriel Picón, le escribió rápidamente al padre, Sr. Antonio Rodríguez de Picón esta carta constituye un valioso documento de patriotismo, lealtad y honor. Veamos:

“Ciudadano Comandante de Mérida.
Tengo el honor de derigir a U. el adjunto Boletín, por el cual se informará U. de la gloriosa acción de Barquisimeto, dada por el Coronel Ribas, que a la cabeza de los valerosos meridanos, ha ganado a los tiranos.
El joven héroe que tan gloriosamente ha derramado su sangre en el campo de batalla, no ha muerto, ni se teme que muera; pero si dejase de existir, vivirá siempre en los corazones de sus reconocidos conciudadanos, y será eterno en los fastos de Venezuela, cubriendo de honor el nombre de Picón.
Y tu padre, que exhalas suspiros
al perder el objeto más tierno,
interrumpe tu llanto y recuerda
que el amor a la Patria es primero.

Estos son los sentimientos que debe animar a todo republicano, que no tiene más padres, ni más hijos, que su libertad y su país.
Yo congratulo a U. por la honra que refluye sobre su familia con las acciones de su ilustre hijo.

Dios guarde etc. Cuartel General de Araure, julio 23 de 1813.

Simón Bolívar".

Y... ¿qué pasó con el joven oficial Gabriel Picón? No murió, efectivamente. Fue conducido a Valencia y luego a Caracas. Fue protegido por la familia Bolívar, emigrando con ellos cuando Boves ocupó la capital. En 1815, aún con sus heridas abiertas, lo encontramos defendiendo la plaza de Cartagena ante el ataque del General Pablo Morillo.. Va al exilio, regresando 7 años más tarde, continuando con sus labores comerciales y patrióticas. En 1831 fue electo Senador por Mérida al Congreso Constituyente de Venezuela. En 1830 fue nombrado Gobernador de Mérida y durante su mandato levantó en esa ciudad, en 1842, La Columna, primer monumento erigido al Libertador en el mundo. Nuevamente Senador en 1848, se retiró a la vida privada después de los sucesos sangrientos llevados a cabo en el asalto el Congreso Nacional ese año y reseñados en este blog. Murió en 1866 y sus restos reposan en el Panteón Nacional desde 1975.



¡A CORRER SE HA DICHO!

Este es un pasaje ocurrido durante la Revolución Restauradora, al mando del General Cipriano Castro, en el año 1899. Durante la marcha del ejército revolucionario desde el Táchira hacia el Centro del país, el 16 de agosto de 1899, el General Castro ocupó la ciudad de Valera, sin resistencia, ya que el General Leopoldo Baptista había abandonado la ciudad, al frente de 1200 hombres, situándose en Carvajal. 

El General Castro no presentó combate, ya que tarde o temprano iba a necesitar esos cuerpos, para anexarlos a su ejército. Por ejemplo, ya se la habían incorporado los cuerpos defensores de la ciudad de Tovar, entre ellos el General Rafael González Pacheco. Siguiendo su marcha hacia el Estado Lara, eran molestados por la retaguardia por los hombres del General Baptista. La falta de agua y escasa vegetación fueron de efecto muy negativo para los revolucionarios durante dicho recorrido. El día 22 de agosto, el Gral. Castro ocupaba Carora, ciudad abandonada por sus defensores. El día 24 de agosto, acampaba el ejército en el caserío Parapara, no pudiendo cruzar el río Tocuyo, por lo crecido del mismo, permaneciendo en el sitio un día más.

El General Castro desplegó su ejército estratégicamente en el área y sorpresivamente fueron atacados el día 26 de agosto a las seis de la mañana, por unos 800 hombres, al mando de los Generales Elías Torres Aular, Presidente del Estado Lara, y otros generales. Sin embargo, el efecto de sorpresa fue al contrario, ya que como zorro viejo, el Gral. Castro, además de que tenía un buen despliegue de sus hombres, había ocultado varias tropas en forma de guerrilla, escondidas en los mogotes, al mando de los Coroneles Emilio Fernández y Andrés Amaya. 


Todos estos hombres usaban armas blancas, en especial los filosos machetes, quienes sorprendieron a los atacantes, sembrando el pánico entre ellos al ver a estos hombres surgidos de los mogotes blandiendo sus machetes. Presas de pánico, soltaban sus armas al suelo, rindiéndose o corriendo como alma que lleva el diablo. Todos los Jefes fueron capturados, más de 200 hombres, 500 máuseres, 30.000 cartuchos y un cañón con todo su equipo. Esta acción duró veinte minutos y el resultado de este triunfo sorprendió a los mismos revolucionarios.. El Coronel Emilio Fernández fue ascendido a General en el mismo campo.



LA NOVIA NORTEAMERICANA DEL LIBERTADOR

Jeannette Hart fue llamada "la novia norteamericana del Libertador". Simón Bolívar conoció a Jeannette en Lima, en el año 1824. Era Jeannette nativa de Connecticut, USA, y era hija del Capitán Elisha Hart y Jeannette Mac Curdy. Tenía seis hermanas y eran conocidas como "Las Siete Bellezas Hart" y también como "Las Pléyades de Nueva Inglaterra". Se encontraba en el Perú acompañando a su cuñado, el comodoro Isaac Hull, en la fragata "United States". Desde el primer momento que Bolívar y Jeannette se conocieron, surgió un flechazo entre ambos, continuando este romance en las diferentes oportunidades que tuvieron de platicar a solas. Pero el episodio que vamos a narrar es un poco fuerte y el mismo es extraído del diario de la propia Jeannette Hart, siendo por lo tanto creible tal versión.

En plena Semana Santa, Jeannete Hart se encontró en su carruaje en medio de una procesión. La multitud esperaba por la salida del Libertador Simón Bolívar de la Catedral y al abrirse paso la comitiva presidencial, ella aprovechó la oportunidad para seguir la caravana hasta la residencia del Libertador. Se hizo anunciar e inmediatamente fue conducida hasta una sala de recibo. 

Al poco rato, el Libertador se apareció en dicha sala y comenzaron una tertulia, dándole ella sus impresiones de un viaje reciente a Chile. Jeannette si notó que Bolívar estaba un poco nervioso, lo cual le causó extrañeza. El se acercó a ella dándole un beso en la boca, al tiempo que le decía que ese sitio no era seguro para ella. Al tiempo que le decía tales palabras, emergió una mujer de entre las armaduras y mamparas, dándose cuenta que era la misma atractiva mujer que había visto cabalgando fuera de la catedral: era Manuelita Sáenz, quien con voz fuerte y cara arrugada por la rabia le dijo a Jeannette: -"Váyase y no regrese si usted aprecia su vida". Jeannette le contestó: "¿Quién es usted para decirme a mí lo que tengo que hacer? ¿Qué está haciendo usted en esta casa?".

Bolívar interviene y le dijo a Manuela en voz alta que saliera del salón. Manuela enfurecida le pregunta a Jeannette:
"¿Qué hace usted en esta casa?. Esta es mi casa... ! Mía y de mi Simón! y no tolero que ninguna mujer entre aquí! ¡Váyase!"

Por la autoridad con la que habló Manuela, Jeannette comprendió que eran cierto los rumores que había escuchado sobre Manuela Sáenz. El Libertador, lleno de coraje le ordenó a Manuela que se retirase del salón y que no le obligara a llamar a la guardia. Ello le retó a que la llamara, lo cual hizo de inmediato, dejándola a un lado del salón, mientras terminaba de discutir asuntos con la señorita Jeannette,. Y se sentaron nuevamente a hablar. Manuela salió como una tromba de la sala, mientras Bolívar se disculpaba muy amablemente. Jeannette se encontraba muy sorprendida. Bolívar le explicaba la relación con Manuela a su manera, mientras Jeannette trataba de entender tal situación. Remata la explicación diciéndole que sólo ella, Jeannette, será su esposa y compartirá con él los honores y su época de esplendor y comenzó a besarla apasionadamente.

Pero, Manuela Sáenz no se había retirado. Se encontraba escondida y al contemplar aquellas escenas de amor, en un arrebato de celos, tomó un viejo estilete toledano y sigilosamente se dirigió hacia la pareja. Cuando Bolívar vio la sombra que se abalanzaba sobre ellos, dio un fuerte empujón a Jeannette, quien fue a parar a las armaduras que estaban en la sala, mientras su brazo detenía el brazo de Manuela, y que durante el forcejeo, el estilete cayó al suelo. La guardia se había retirado del salón y entonces, Jeannette, tomó el arma y lo colocó sobre una mesa y diciendo "Buenas noches", se marchó del lugar.
Esa noche, Jeannette Hart comprendió que su noviazgo con el Libertador no era posible.



EL COMPADRE DIONISIO CISNEROS

Durante su primera Presidencia, el General José Antonio Páez tuvo que sortear numerosas dificultades, siendo la más fuerte la Revolución de Oriente, acaudillada, en 1831, por el General José Tadeo Monagas y aunque terminó exitosamente, las secuelas de ella se veían en el mismo Oriente y Occidente del país. Poco a poco estos focos de insurrección fueron dominados por el Gobierno. Pero los sucesos que vamos a narrar corresponden a los realizados por el indio José Dionisio Cisneros, quien había impuesto durante doce años un sistema de terror imjpunemente en los Valles del Tuy, sin que las fuerzas del Gobierno pudiera dar con él. Era terrible cómo saqueaba pueblos, haciendas y sembraba el miedo entre los parroquianos. ¿Quién era Cisneros? Era un guerrillero, de origen indígena, nacido en Baruta (Edo. Miranda), alrededor del año 1793. Podemos considerarlo como el último insurgente contra la República, en defensa de la causa del rey de España. Había obtenido la jerarquía de Sargento en el ejército realista y después de la Batalla de Carabobo, actuaba como jefe guerrillero, con la esperanza de ver restaurado el sistema monárquico y su área de operaciones giraba en los valles del Tuy, Barlovento, norte del Estado Guárico y parte de Anzoátegui. Los moradores de estas zonas, en su mayoría, con el fin de preservar sus bienes, optaron por granjearse la amistad de Cisneros y su gente, lo cual aumentó el poder de éste sobre la región. En el año 1827, el mismo Libertador Simón Bolívar expidió un decreto de indulto en favor de Cisneros, reconociéndole su grado militar, pero el jefe guerrillero rechazó la oferta y continuó con sus desmanes.

Batallones enteros, jefes militares encumbrados, fracasaron ante Cisneros, por lo cual su fama crecía cada vez más. En una ocasión, el General Felipe Macero lo sorprendió y lo puso en fuga, capturando al hijo de Cisneros, de pocos años de edad. Fue llevado ante el Gral. Páez, quien lo acogió, le dio educación, lo bautizó, haciéndose compadre de Cisneros, con el fin de lograr atraerlo a la pacificación. Páez lo incita a dejar de pelear por el Rey, pero Cisneros le contestaba que "era Oficial del Rey, que sabía lo que era honor y que nunca faltaría a su palabra".

El Gral. Páez insiste en establecer amistad con el bandolero. Se separa del Gobierno y deja encargado al Vicepresidente y se va a pasar unos días en una hacienda de Súcuta, situada en uno de los territorios asolados por Cisneros, ganándose la confianza de campestres, con obsequios de comida y diversiones populares. Logra finalmente concertar una entrevista con Cisneros, ante el temor del Consejo de Gobierno, por el riesgo que corría el Presidente. La entrevista se llevó a cabo en la montaña Lagartijo, Provincia de Caracas (hoy Edo. Miranda), a mediados de noviembre de 1831. Imprudentemente, Páez se presentó solo a la entrevista y soportó con entereza la pruebas a las cuales le sometió Cisneros, incluyendo su propio fusilamiento, ante doscientos hombres, dando Páez las órdenes para abrir fuego, pero que en el momento adecuado, Cisneros, impresionado por la valentía de Páez,  dió una señal y las balas pasan por encima de la cabeza de Páez, quien estaba convencido que lo iban a fusilar. 

Cisneros se rindió y aceptó la autoridad de Páez, quien el 22 de noviembre de ese mismo año, dictó un decreto de amnistía para Cisneros y su guerrilla, reconociéndole el grado de Coronel que él usaba, y a sus oficiales, los grados de Capitanes, Tenientes y Alféreces.

Dionisio Cisneros sólo respetaba al Gral. Páez, más no a su Gobierno ni jefes militares. Se quedó en los Valles del Tuy y Páez lo usará de vez en cuando en algunas operaciones militares, pero Cisneros no abandonó sus resabios de bandido, cosa que Páez lo disimulaba, hasta que cansado de sus atropellos, lo somete en 1846 a Consejo de Guerra, bajo el cargo de insubordinación, sedición y expoliación, siendo sentenciado a muerte y fusilado en San Luis de Cura (Edo. Aragua), el 13 de enero de 1847.

Así terminó sus días el temible Dionisio Cisneros, compadre del General Páez.








VIVENCIAS EN CAMPAÑA


Nuestra historia está llena de anécdotas ocurridas durante todo el trajinar, tanto de la guerra emancipadora, como en la etapa contemporánea. Muchos hombres, partícipes de estas contiendas, escribieron sus memorias, artículos, notas, y muchos de sus testimonios los encontramos diseminados en múltiples publicaciones. Tal es el caso del Coronel Antonio Martínez Sánchez, cuyo nombres se encuentra perdido en la historia, pero que desde soldado raso participó en durante su vida en diferentes revoluciones. Sus escritos fueron publicados en un libro denominado "Nuestras Contiendas Civiles", el cual es un recuento ligero de sus vivencias y pensamientos. Para ello veamos estos ejemplos:

En el mes de marzo del año 1892 estalla la Revolución Legalista, liderizada por el General Joaquín Crespo, quien persigue su objetivo de evitar que el Presidente Raimundo Andueza Palacios continuara en el Poder, al romper éste el hilo constitucional para perpetuarse en la Presidencia. Las anécdotas que vamos a relatar sucedieron durante la marcha del ejército legalista hacia Caracas, vía Los Valles del Tuy. La marcha pasaba por las poblaciones de San Casimiro y San Sebastián, interrumpida constantemente por encontrarse los caminos en muy mal estado y los ríos crecidos. Para cruzar el río Guárico,a la altura del "Paso del Medio",  se hacía necesario construir una tarabita, especie de mecanismo para pasar un río, sujeto a un grueso mecate amarrado de orilla a orilla. De esta manera, la tropa, sus equipos, parque, podían pasar de una manera segura.

Estando el General Pedro Vallenilla en medio del paso, montado en una mula, el animal se le puso difícil, tumbando al General al agua, quien tuvo que nadar, saliendo precisamente donde se encontraba el General Joaquín Crespo mirando el paso de la tropa. Al ver al General salir del agua, preguntó: ¿Quién es este hombre? Efectivamente, el General Vallenilla estaba irreconocible. Cuando entró al río era un militar de unos 35 años, luciendo unos cabellos y bigotes negros y lustrosos, mientras que cuando salió del río era un señor de unos 60 años, luciendo un cabello y bigote blanquecinos. El motivo fue que las cremas usadas en el cabello se habían diluido en el agua.

Otro caso fue el Comandante Guillermo Carranza, quien tirándosela de bravo, se había lanzado al agua con su caballo, sin precaución alguna para cortar la corriente. "Así se pasa un río", había exclamado. Pero cuando estaba en la parte honda, al caballo andaba por un lado y el Comandante por otro. Algunos soldados le gritaron: "¡Cuatro fuertes y te sacamos!". El Comandante contestó: "¡Pago solamente dos!", sumergiéndose de nuevo. Viendo los soldados que no flotaba, se tiraron al río y lo sacaron, habiendo perdido sus lentes, sombrero y paltó, preguntando: "¿Dónde estoy? Alguien le contestó: "En la esquina de San Francisco". Creyendo estar en dicho lugar, contestó: "¡Gracias a Dios!".

Después de unos combates entre el ejército legalista y el Gobierno, bajo fuertes lluvias, el General Crespo se había retirado, muy desmoralizado, al extremo que pensaba renunciar. Pero su salud se había resentido debido a las lluvias y el frío, enfermando gravemente de afección bronquial. La fiebre la había subido sobre los 40 grados y su respiración se hacía difícil. Gracias a los empeños del médico, General Juan Pietri, quien durante ocho días estuvo en la cabecera del General Crespo, éste salió del problema de salud que lo afectaba. Durante esos ocho días, el ejército legalista estuvo en consternación, en la espera de la recuperación de su jefe.





CARACAS ES MEJOR CIUDAD QUE BOGOTÁ

Muchos de los oficiales extranjeros que vinieron a Venezuela desde Europa a luchar por nuestra independencia, escribieron páginas gloriosas en suelo patrio. Todavía no se ha hecho justicia a todos ellos, destacándose solo una pequeña porción, pero sin menosprecio de ninguna manera por el recuerdo y agradecimiento hacia todos. En algunos casos la personalidad del sujeto nos presenta aspectos dignos de ser comentados desde otro punto de vista, no siendo el biográfico. Este es el caso del Coronel James Rooke, oficial retirado del ejército británico, nacido en Dublín, Irlanda, en el año 1770. Venía Rooke de una familia militarista, en la cual abuelo y padre habían sido generales. El sigue la tradición militar, pasando por una serie de eventualidades, participando inclusive en la batalla de Waterloo, donde resultó herido, a las órdenes de Sir Arthur Wellesley, duque de Wellington, vencedor de Napoleón Bonaparte.
Rooke enviudó en 1814, trasladándose a Las Antillas en 1816, ya retirado del ejército, donde vivía su hermana, casándose nuevamente pero no siendo impedimento para que acudiera al llamado de su corazón por la causa independentista de Venezuela. Al año siguiente, en 1817, lo encontramos en Angostura, siendo admitido en el ejército con el grado de Teniente Coronel, ascendiendo a Coronel al año siguiente.
Desde el primer momento, Rooke se enamoró del campo venezolano. Siempre andaba contento y nada le hacía cambiar su opinión por el concepto de las cosas. Decía que el clima en los llanos era suave, saludable y superior a cualquier otro. Los soldados de su brigada eran los mejores del mundo y cuando uno de ellos moría, decía que se lo merecían y no se quejaba por la ausencia de alguno de ellos. Tenía fama de ser muy bueno, pero sin llegar a relajar la disciplina militar.
La única vez que se le vio disgustado fue en un enfrentamiento verbal que tuvo con uno de sus paisanos, el médico Foley, durante el inicio de la Campaña de Nueva Granada y que pudo haber pasado a mayores, de no ser por la intervención de sus compañeros. ¿Cuál fue el motivo de la disputa? Nada. Rooke sostenía que Caracas era mejor ciudad que Bogotá, mientras Foley opinaba lo contrario. La discusión terminó cuando les hicieron ver que ambos eran absurdos porque ninguno de los dos conocía ninguna de las dos capitales, ni siquiera por referencias de libros. Ambos personajes se rieron al instante y se abrazaron amistosamente.


En la batalla de Pantano de Vargas, el Coronel Rooke resistió con su brigada en forma extraordinaria. Sus hombres morían pero él decía que todo marchaba bien y que sostendrían las posiciones. Recibió una herida grave y en esas condiciones su único pensamiento era si Bolívar estaba satisfecho con su conducta y así lo preguntaba. Su brazo derecho tuvo que ser amputado, operación que experimentó siempre haciendo bromas acerca de la perfección de la mano que iba a perder. Sosteniendo el brazo amputado gritó: "Viva la Patria", preguntándole el cirujano: "¿Cuál Patria: Irlanda o Inglaterra?" Rooke meneó negativamente la cabeza y le contestó: "La que me ha de dar sepultura". Lamentablemente, tres días después murió por efectos de una gangrena posterior. Tenía 49 años de edad.

CUANDO EL GENERAL PABLO MORILLO RESPETÓ
LA VIDA DE UN VALIENTE PATRIOTA




Nuestra historia está llena de episodios épicos por donde se mire. Destacarlos es nuestra tarea y en ese trajinar nos vamos topando con ellos. La anécdota que vamos a reseñar ocurrió en el año 1820, cuando un escuadrón de caballería Dragones, al mando del comandante Mellao, perteneciente a las fuerzas patriotas del Coronel Juan Gómez, se encontraban en el poblado de Carache, Trujillo. El ejército del General español don Pablo Morillo se acercaba a dicho pueblo, resolviendo los patriotas enfrentar la amenaza, mientras separaban de las filas a los enfermos y discapacitados, enviándolos al pueblo cercano de Santa Ana, mientras el Coronel Juan Gómez permanecía con 30 hombres, con Mellao al frente, para enfrentar a Morillo.


Al observar el General Morillo la maniobra del Coronel Gómez, envió en su contra una compañía de Húsares, teniendo que reforzarla con otra compañía, ya que Gómez no se intimidó con la primera, quien se replegaba ordenadamente, volvía sobre los húsares, lanceándolos, obligándolos a replegarse y continuando con la retirada. Viento el éxito parcial de los patriotas, el General Morillo se puso al frente de todo el regimiento de Húsares avanzando sobre Gómez, dificultándose la acción por lo accidentado del terreno, perdiendo Morillo varios hombres, lanceados por los patriotas, quienes continuaban la retirada.


El coronel Gómez tuvo pocas pérdidas, pero en un momento dado uno de sus dragones es derribado al caer muerto su caballo, quedándose solo en el campo. Apoyado sobre el cadáver del animal, el soldado tomó su lanza e hizo frente a toda la caballería española, matando a dos hombres españoles. Fue cercado y herido en múltiples partes del cuerpo, pero aún en esas condiciones, agarraba fuertemente el asta rota de su lanza y se defendía. Cuando los españoles se disponían a matarlo, Morillo gritó que no mataran a ese valiente. Fue conducido el soldado patriota al hospital de Carache, hasta que curó de sus heridas. A raíz de las negociaciones en relación al Armisticio que se celebraba entre los generales Bolívar y Morillo, este último entregó al soldado patriota, ya restablecido de sus heridas, al edecán del Libertador, Daniel Florencio O





CUANDO LOS MUERTOS RESUCITARON


Durante la guerra de independencia sucedieron muchos casos los cuales podemos catalogarlos como curiosos, cuando hombres fueron muertos en combate o ajusticiados por jefes realistas y sencillamente se levantaron de sus “tumbas” para continuar aportando glorias a la patria, gracias a su espíritu combatiente. Como ejemplo de ello, vamos a conocer algunos de esos casos:

El coronel Manuel Villapol, militar español al servicio del Rey, se pasó a las armas republicanas en 1810, participando en numerosas batallas y combates, pagando inclusive prisión en el castillo de Puerto Cabello. El caso al cual nos vamos a referir ocurrió durante la Batalla de Vigirima (Estado Carabobo), el 25 de noviembre de 1813. Villapol comandaba una de las fuerzas, bajo las órdenes del General José Félix Ribas, que atacó al coronel realista José Miguel Salomón, quien al frente de su ejército se encontraba atrincherado en la serranía, con ventajas por las pendientes y profundos barrancos. Precisamente, por uno de esos barrancos, cayó herido Villapol, dándosele por muerto. Allí estuvo veinticuatro horas, ya que se encontraba prácticamente dado por muerto, cuando fue encontrado por sus compañeros. El Libertador dijo de él en un discurso en Caracas el 2 de enero de 1814: “El bizarro coronel Manuel Villapol que desriscado en Vigirima, contuso y desfallecido, no perdió nada de su valor que tanto contribuyó a la victoria de Araure…”. Tres meses después, el 28 de febrero de 1814, Villapol pagó su deuda con la muerte al perder la vida en la batalla de San Mateo, combatiendo al sanguinario José Tomás Boves.

El siguiente episodio corresponde al oficial Celedonio Sánchez, bravo llanero, héroe de la acción de Las Queseras del Medio, en el Apure, bajo las órdenes del General José Antonio Páez, y que en 1821 se inmortalizó combatiendo en Carabobo, con el grado de teniente coronel y sirviendo como edecán del General Páez. El caso al cual nos vamos a referir ocurrió en Valencia en el año 1814, cuando el comandante realista José Tomás Boves, había sitiado dicha ciudad durante varios días, no logrando vencer la resistencia patriota al cabo de varios encuentros. Boves aceptó una capitulación honrosa presentada por los jefes patriotas, pero una vez firmada la misma no la acató, haciendo asesinar en masa a militares y civiles en forma inhumana. El oficial Sánchez se encontraba en esa oportunidad como uno de los defensores de la ciudad y fue mandado a decapitar por Boves, acto que se ejecutó en la plaza principal, en unión de otros prisioneros. Sánchez recibió un machetazo en el pescuezo, y dejado por muerto. En la noche, su esposa retiró el cuerpo para darle sepultura, pero al ser trasladado a su casa dio señales de vida. La familia, en su desesperación, llamó al cura del sitio, quien examinó la herida del pescuezo, notando que no era de gravedad. A riesgo de su vida, el sacerdote escondió a Sánchez bajo el altar de la iglesia hasta que, restablecido de su herida, pudo salir de la ciudad y reunirse con los combatientes patriotas.

Otro caso a relatar involucra a uno de los edecanes del Libertador Simón Bolívar en 1821, de apellido Ibáñez, Un año antes había sido hecho prisionero en un encuentro con fuerzas realistas cerca de la población de Ocaña, en Nueva Granada. Inmediatamente se ordenó su fusilamiento, el cual se ejecutó de inmediato. Ibáñez recibió un tiro en la cabeza y dos en la mano derecha. Una vez desfallecido, sus ejecutores lo despojaban de sus vestidos cuando súbitamente apareció una guerrilla patriota, poniendo en fuga a los realistas. El cuerpo de Ibáñez yacía en un charco de sangre. Los patriotas abrieron una fosa para enterrarlo y cuando se disponían a depositar el cadáver en el hoyo, Ibáñez dio señales de vida, quejándose del dolor de sus heridas. A este valiente oficial aún le quedaba mucho aliento para seguir luchando.

El último caso a considerar se trata del joven subteniente Pedro Buroz Tovar, quien a los 15 años se había alistado en el ejército del General Francisco de Miranda, en 1812, y ese mismo año fue herido en el combate de Los Guayos y dejado por muerto. Pasó toda la noche tendido en el campo, siendo recogido al día siguiente por unos campesinos y llevado a Valencia, donde fue recluido en la iglesia por el cura del pueblo, sanando sus heridas, en compañía también de su hermano Venancio, de 17 años quien fuera capturado en el mismo combate y se había fugado de los realistas. La nota triste es que ambos hermanos combatieron posteriormente en la Batalla de Araure, en 1813, siendo herido nuevamente Pedro y viendo morir a su hermano Venancio. Pedro Buroz muere en la Batalla de San Mateo, en 1814, a los 17 años de edad. Como dato adicional, otro hermano mayor, el Capitán Lorenzo Buroz, había muerto en un combate en las afueras de Valencia el 12 de agosto de 1811, sirviendo bajo las órdenes del General Miranda. Tenía 25 años de edad.

Casos como estos fueron repetitivos en nuestra historia y hoy los recordamos como hechos muy curiosos, dignos de ser comentados.


EL LLANERO Y LA DOMA DE CABALLOS
En los llanos la caballería era el arma principal durante la guerra de independencia. Le daba al ejército una excelente movilidad y facilidad para atravesar los caños y los ríos. En estas localidades geográficas la infantería era casi nula y esta era la principal ventaja del ejército llanero sobre los españoles. Los caballos y el ganado, primer rublo alimenticio de los llaneros, se encontraba en abundancia y sencillamente los patriotas los tomaban donde se encontraran.


El llanero a caballo era invencible. Diestros jinetes formando una sola unidad: hombre y caballo. De esa forma el manejo de la lanza era un arte, magistralmente ejecutado por los llaneros. Ya lo decía el refrán popular: “El hombre para ser hombre, tres cosas debe tener, buen caballo, buena silla y una zamba a quien querer”. Como domadores de potros salvajes, el llanero venezolano no tenía rival. Era un ritual que todos seguían. Lo hacían al “pelo”, es decir, saltando sobre el animal, sin silla alguna, tomándolo por las crines, empezando el caballo a dar saltos y corcovos, acompañado de dentelladas a las piernas del jinete. Era prácticamente un huracán desatado, y así, hombre y bestia, bailaban una desenfrenada danza hasta que el hombre vencía y apaciguaba al animal. Todo llanero era un excelente domador de caballos.


Pero domar un caballo en forma individual no era lo más impresionante. Había otra forma más espectacular, cuando se hacía por escuadrones. Se encerraban los animales para amansarlos en forma grupal. Al darse la orden de “a coger los caballos por escuadrones”, salía la tropa respectiva y cada hombre lazaba a su caballo, tapándole los ojos con un trapo y ensillándolo con las precauciones del caso. Una vez todos montados, les quitaban las vendas de los ojos y allí comenzaba el espectáculo de ver unos 500 hombres saltando al unísono sobre los caballos. A los flancos se colocaban oficiales en caballos mansos, no para socorrer al jinete que caía, sino para correr detrás del caballo suelto para que no se fuese con la silla, la cual consistía en algo rudimentario: una silla hecha de palo de madera aderezado con unas correas de cuero crudo. De allí en adelante, cada hombre tendrá en su caballo un amigo, el cual lo acompañará durante sus lances, conviviendo juntos en las buenas y en las malas.


Los mismos españoles reconocieron la invencibilidad del llanero venezolano, por lo aguerrido y diestro, tanto en el manejo de la lanza como en los caballos. En los campos de batalla se movían a su antojo, ya sea en formaciones compactas o en forma individual. Podían quitar la silla del caballo en cualquier momento, sin bajarse del animal, pasar un río a nado abrazado al mismo y lo más importante: el uso excepcional de su enorme lanza, única en su especie, lo cual le permitía llegar al soldado enemigo con mucha antelación al esperado.





"O USTED ME FUSILA O YO LO FUSILO A USTED"

Hay casos en los cuales se puede vislumbrar cual será la conducta futura a seguir por alguna persona, en base a respuestas conflictivas en un momento dado. Tal es el caso de Francisco de Paula Santander, quien estuvo muy ligado a la vida del Libertador Simón Bolívar. Veamos el siguiente episodio:

Corría el año 1813 y Bolívar ha culminado exitosamente la Campaña de Cúcuta. Para el logro de los objetivos había contado con el apoyo del Coronel neogranadino Manuel del Castillo, Comandante Militar de Pamplona, pero ambos se habían distanciado por mutuas desavenencias propias del carácter fuerte, tanto de Bolívar como de Castillo, y que a la larga producirían fuertes roces y divisiones entre venezolanos y neogranadinos El Gobierno de la Unión le otorgó el mando del Ejército a Bolívar para la próxima campaña en Venezuela, quedando Castillo como segundo comandante, para disgusto de ambos.

Mayor Francisco de Paula Santander
Bolívar envía al Coronel Castillo para la población de La Grita, para eliminar la amenaza que representaba el Coronel realista Ramón Correa, refugiado allí desde su derrota en Cúcuta, a lo cual Castillo retardó deliberadamente por dos semanas las operaciones, apoyado en tales dilaciones por algunos de sus oficiales, entre ellos el Mayor Francisco de Paula Santander. Una vez completada la misión, Castillo convocó a un Consejo de Guerra en Táriba, sin autorización de Bolívar, con la intención de informar al Congreso neogranadino de las dificultades para iniciar la campaña en Venezuela y su desconfianza hacia el General Bolívar; sin embargo, el Congreso neogranadino autorizó a Bolívar a continuar con sus planes. Castillo, quien seguía mostrando signos de descontento, solicitó al Congreso su separación del mando, siendo reemplazado por el Mayor Francisco de Paula Santander.

Algunos oficiales adictos al Coronel Castillo le siguieron de regreso a Nueva Granada y había peligro que la división completa se desintegrara. Su nuevo comandante, el Mayor Santander, era adicto al Coronel Castillo y también deba muestras de descontento. Bolívar quiso cortar drásticamente con esta situación y saliendo de Cúcuta se presentó en La Grita, al tiempo que la tropa se formaba un tanto sospechosa. Le ordena a Santander iniciar la marcha a lo cual el oficial le contestó que no estaba dispuesto a cumplir con sus órdenes, respondiéndole Bolívar severamente: “Marche usted inmediatamente. No hay alternativa, marche usted: ó usted me fusila ó positivamente yo lo fusilo a usted”. La división inició la marcha, pero el Mayor Santander no se unió a la misma. Regresó a Nueva Granada, desprendiéndose Bolívar de estos dos jefes, quienes habían influenciado en el desaliento de las tropas. Lo demás es historia: la Campaña Admirable fue un triunfo total.

Con respecto al Mayor Francisco de Paula Santander, el destino y la guerra lo volverá a unir al General Simón Bolívar…


EL PRISIONERO DE VALENCIA

Desde Cumaná, trasladado a pie a lo largo de todo el camino, llega a Caracas un prisionero republicano en el año 1819. Fue llevado a esa capital para ser juzgado por las autoridades españolas por el delito de insurgencia; sin embargo, dada la distinción del prisionero, conversan con él y le solicitan sus servicios a la causa del Rey, negándose rotundamente ante tal requerimiento. En vista de su responsabilidad en las organizaciones de las expediciones de combatientes desde Europa a Venezuela, es trasladado a la ciudad de La Victoria y sometido a consejo de guerra, por órdenes directas del General de los Ejércitos del Rey Don Pablo Morillo. El veredicto fue de culpable por traición y condenado a muerte por fusilamiento, acto el cual se realizaría en la ciudad de Valencia. Nuevamente el prisionero recorrió a pie esa distancia, amarrado cual vulgar delincuente.
¿De quién estamos hablando?. Este prisionero era el Capitán Johann von Uslar, conocido en nuestra historia como Juan Uslar. Había nacido en Loccum, Alemania, en 1779. Egresado del Real Colegio Militar de Windsor, con el grado de subteniente. En 1815, bajo las órdenes de Arthur Wellsley, duque de Wellington, participó en la Batalla de Waterloo, en la cual fue derrotado Napoleón Bonaparte. Para 1818 estaba de retiro y lo encontramos en Londres, organizando con el venezolano Luis López Méndez, el envío de expedicionarios a Veneuela. En 1819 arriba Uslar a la isla de Margarita, integrándose a las fuerzas del General Rafael Urdaneta, quien iniciaba una campaña sobre Barcelona y Cumaná. Exitosamente combatió en el Morro de Barcelona e infructuosamente sobre el puerto de Cumaná. Le ordenan trasladarse a Margarita, siendo interceptada la embarcación por una flechera española. Uslar se lanza al mar, tratando de escapar a nado pero es apresado, mientras sus dos acompañantes eran degollados. Vociferando en su lengua nativa, ya que no hablaba español, y por sus características físicas, comprendieron sus aprehensores que se trataba de un personaje importante, decidiendo llevarlo a Cumaná ante el Gobernador Cires.
Una vez conducido a Valencia, comenzó la tortura sicológica en espera del día del fusilamiento, acto que no se realizó, debido a que el General Pablo Morillo le conmutó la pena de muerte por trabajos forzados. Aquí se inicia el verdadero infierno de Uslar, ya que uniformado de presidiario común, encadenado sus pies, fue enviado a trabajar en la construcción del puente sobre el río Cabriales e igualmente en la reparación de la carretera Valencia - Puerto Cabello. Estas tareas tuvo que soportarlas estoicamente el joven oficial, bajo el sol ardiente valenciano, trabajando desde el amanecer hasta el atardecer, acompañando a otros 200 hombres, prisioneros como él, huéspedes de las diferentes cárceles locales. Su porte físico, extranjero, rubio, de bigotes distinguidos, reflejaban su ascendencia extranjera, mientras su rostro asumía el dolor interior, pero soportando con altivez el castigo al cual era sometido.


A mediados del año 1820 fue inaugurado el puente sobre el río Cabriales ó puente Morillo como también se le llamó, y el mismo es una obra de ingeniería, existente aún en nuestros días. Posteriormente, casi a diario se oía la retreta en el lugar, tocada por bandas marciales españolas. Y como Dios no abandona a sus fieles, allí el Capitán Juan Uslar conoció a una joven valenciana de nombre María de los Dolores Hernández, hija de un coronel republicano, quien se había fijado en el joven prisionero y cuya familia siempre le llevaba alimento y remedios.


Juan Uslar fue liberado a finales del año 1820, a raíz del Tratado de Regularización de la Guerra, firmado por Bolívar y Morillo. A partir de allí se incorpora al Ejército Libertador, alcanzando la gloria en la Batalla de Carabobo, en 1821. Se mantuvo activo hasta 1825, dedicándose posteriormente al trabajo agrícola en Tocuyito, Estado Carabobo. Fue llamado al servicio nuevamente en 1848, culminando su carrera militar con el ascenso a General en Jefe, en 1863. ¿Y qué pasó con su amor valenciano?. Fue uno de los grandes motivos para permanecer en Valencia. Se casó con María de los Dolores en el año 1822, residenciándose en Valencia. Murió Uslar en 1866, los 87 años de edad, dejando tras de sí una hermosa descendencia, ejemplo de trabajo en esta tierra venezolana. Entre sus biznietos encontramos al Dr. Arturo Uslar Pietri.


El puente sobre el río Cabriales nunca fue olvidado en su vida y constantemente hacía sus caminatas por el mismo, henchido el pecho por el orgullo de haber obtenido los dones de la vida en este suelo patrio